miércoles, 5 de marzo de 2014

MIÉRCOLES DE CENIZA, PUERTA DE LA CUARESMA

Hoy es Miércoles de ceniza, puerta del tiempo de litúrgico de la Cuaresma. A manera de reflexión quiero compartirles un pequeño texto del Cardenal Ratzinger, que habla precisamente de lo que hoy la Iglesia en todo en mundo está proponiendo para iniciar este tiempo especial de reflexión, arrepentimiento y conversión.


"Con la mirada del artista, Miguel Ángel veía ya en la piedra que tenía delante la imagen guía que ocultamente esperaba ser liberada y salir a luz. El cometido del artista, según él, no es otro que eliminar lo que todavía recubría la imagen. Miguel Ángel concebía la auténtica acción artística como un sacar a la luz, poner en libertad, no como un hacer. 

Esta misma idea, aplicada al ámbito antropológico, se encontraba ya en san Buenaventura, el cual explica el camino a través del cual el hombre llega a ser él mismo auténticamente partiendo de la comparación del cincelador de imágenes, o sea, el escultor. 

El escultor no hace nada, dice el gran teólogo franciscano. Su obra es una ablatio; consiste en eliminar, en quitar lo que es inauténtico. De esta manera, a través de la ablatio, surge la nobilis forma, la figura preciosa. 



De la misma manera el hombre, para que resplandezca en él la imagen de Dios, debe, ante todo y sobre todo, aceptar la purificación mediante la cual el escultor, o sea Dios, le libra de todas las escorias que oscurecen el aspecto auténtico de su ser y hacen que parezca sólo un bloque burdo de piedra, cuando en realidad habita en él la forma divina". 

- Card. Joseph Ratzinger, La Iglesia. Comunidad siempre en camino, Ed. San Pablo, p. 129.

Yo sólo podría agregar que toda purificación cuesta trabajo, no es nada fácil, el dejarse "cincelar" por la bondadosa mano de Dios, sin embargo en el proceso y a pesar de su exigencia, el camino de la conversión, de la purificación de la vida, encuentra en el consuelo del amor divino, su mejor motivación. Mi deseo para esta cuaresma es que abriendo de par en par tu corazón a Dios para que lo transforme, puedas experimentar también su consuelo y misericordia, que a fin de cuentas nos hace gozar de un don inestimable para nuestro tiempo: la paz y el sosgiego.