miércoles, 5 de febrero de 2014

SAN FELIPE DE JESÚS, PROTOMÁRTIR MEXICANO

La Iglesia es muchas veces incomprendida, juzgada y despreciada. Y eso pasa en gran medida por un desconocimiento palpable y real de su naturaleza y vida. Quien quiera conocer a la Iglesia católica debe acercase a ella de tal manera que pueda sentir en su interior la fuerza que la sostiene. Juzgarla sólo en su aspecto institucional es reducirla a una expresión que es temporal y que nos presenta solo una parte de su rostro que es humano. La Iglesia es mucho más que institucionalidad. Aunque es también importante decir que quien quiere ver con ojos prejuiciosos, aunque se le den muchas explicaciones es probable que se obstine en su visión distorsionada. 


La Iglesia no nació ayer, es una realidad humana que humanamente se ha ido edificando sin descanso a través del tiempo, y que  pese a los errores humanos de sus miembros, se mantiene ergida gracias a quien la sostiene y que es muy superior a las fuerzas humanas. La Iglesia se edifica visiblemente a través del testimonio de personas concretas. La vida de muchísimos miembros de la Iglesia que han sido fieles, es el resistente material con el que se levantan sus inexpugnables muros. Es importante señalar que los santos y las santas de Dios, en vida terrena o llamados ya a la presencia del Señor, con su testimonio de fidelidad construyen día con día la Iglesia. 

Ese es el caso de San Felipe de Jesús, primer santo mexicano, primer mártir mexicano. Hoy es su fiesta, hoy la Iglesia en México se regocija y celebra la victoria de Cristo en el martirio de este joven mexicano. Su testimonio de fe, firme hasta el punto de renunciar a la propia vida por ser fiel a Cristo, tuvo una fuerte repercusión en la conversión de muchos, en Japón lugar de su martirio y en México lugar de su nacimiento. Más que heroíco, San Felipe es humilde, porque para ser grande verdaderamente, se necesita ser pequeño, se necesita una fe sencilla y consistente. La grandeza de su testimonio está fuertemente ligada a su confianza en Dios y no en sus propias fuerzas. Su plegaria en el martirio estaba compuesta por una sola palabra: "Jesús". Ese santísimo nombre le otorgó una extraordinaria fuerza interior. En medio de la cruel desolación de su muerte, en el momento cumbre de expirar, lejos de su patria y a manos de extraños sin piedad, estuvo muy cerca del Señor, gozando de su consuelo.


Este es un video hecho por el periodista católico Roberto O'Farril, que describe la vida y martirio de San Felipe: