lunes, 3 de febrero de 2014

EL PODER DE DIOS

El evangelio de la misa de hoy es aquel del endemoniado de Gerasa, narrado en Mc. 5, 1-20. Este pasaje del evangelio es sin duda uno de los más impresionantes de la narración de Marcos. 
En él nos damos cuenta como Jesús tiene un poder indiscutible sobre los agentes del mal, sobre aquellos que antes del tiempo se revelaron contra Dios y que ahora se atreven a levantarse en contra de Él, atacando a los hombres. Los ángeles caídos, los demonios son plenamente dominados por el Señor Jesús. Lo que contemplamos en el evangelio gracias a la narración de Marcos es el poder de Dios ejercido en bien del hombre, para salvarlo, para liberarlo. 
Jesús no negocía con los demonios, les da órdenes: "¡Espíritu inmundo, sal de ese hombre!", y los demonios lo obedecen. Y no lo obedecen porque tenga complicidad con ellos, de hecho en otra ocasión ya lo habían acusado de eso (Lc. 11, 15), sino que le obedecen porque es Dios. Es creador, y en el orden creado por Dios, la criatura le debe obediencia al creador. Jesús ejerce soberanamente su poder y libera aquel hombre no de uno sino de una "legión" de demonios, incontables seres espirituales amotinados. 
Esta imagen es una representación de ese pasaje del evangelio. Es interesante, porque representa sobre todo el miedo que asalta al cuidador de la piara y (un detalle simpático) al perro que corre despavorido al ver que los miles de puercos de la piara, totalmente enloquecidos, y con agudos alaridos se tiraban desde lo alto del monte al mar, para finalmente ahogarse. También puede verse al hombre que fue poseído, tirado en el suelo. 


El miedo. Un sentimiento verdaderamente poderoso. Es poderoso sobre todo cuando tenemos poca fe y confianza en Dios. Y los demonios los saben utilizar en nuestra contra. Ante esto es necesario recordar que los demonios están ya vencidos, Jesús los ha vencido. Por otra parte los demonios tambien temen, les aterra el poder que Dios les ha dado a los hombres para vencerlos. Y no sólo el poder que se ejerce en el exorcismo por los sacerdotes designados por los obispos, cuando lo administran a las personas que verdaderamente se encuentran poseídas. Sino en el poder que como bautizados tenemos sobre los espíritus inmundos. 
Porque hay que tener por seguro que los demonios tiemblan cuando ven a un bautizado o bautizada, vivir su fe de una manera comprometida. Temen a las personas buenas que ayudan a otras a crecer en su fe, temen la oración hecha con devoción y sinceridad, es insoportable para ellos que la gente busque reconciliarse con Dios a través del sacramento de la confesión, les repugna la vida santa y llena de amor de los esposos, de los consagrados, de los sacerdotes. 
Y todo esto lo digo no porque quiera infundir miedo, sino más bien confianza. Los demonios no pueden actuar si Dios no se los permite. Sin embargo cuando haciendo uso de su libertad el hombre invoca a los demonios, los demonios acuden y se manifiestan. Dios no vulnera la libertad del hombre, sin embargo está pronto a liberarlo cuando éste lo necesita. En el caso del endemoniado de Gerasa, el poder salvífico del Señor Jesús (Dios-encarnado) se manifiesta y esto es un fruto bueno de un dramático caso de posesión diabólica.