jueves, 6 de febrero de 2014

DÍAS DE MÁRTIRES

Ayer escribía en este espacio acerca de San Felipe de Jesús, primer santo y mártir mexicano. El año pasado precisamente en el día 5 de febrero, yo esperaba que aquí en Colegio, en Roma celebraramos a este santo mexicano, sin embargo celebramos a santa Águeda, santa tambien mártir. San Felipe se quedó sin ser celebrado. Este año fue igual, San Felipe se quedó sin ser celebrado en nuestra comunidad, dándole paso nuevamente a la santa siciliana. Hoy también la Iglesia celebra a los mártires, en la persona de San Pablo Miki y sus compañeros, entre los cuales se encontraba San Felipe. 

Un compañero precisamente en la misa vespertina de hoy se ha despedido. Regresa a México después de haber completado sus estudios, los cuales había suspendido un año antes de que mis compañeros y yo llegaramos a Roma. Su alegría era evidente. En la eucaristía que presidió, no puso en el centro a los santos mártires de Nagasaki, sino a otro santo mártir, San Mateo Correa, quien es parte del grupo de 27 mártires mexicanos de la época cristera. Y junto a él también tomó en cuenta a San Felipe de Jesús. 

A final de cuentas hubo mucha celebración martirológica en nuestra comunidad en estos días. Pienso sin embargo, que aunque se celebre a uno o a otro santo mártir, al celebrar a uno se celebra a todos los mártires, porque existe un solo martirio verdadero y fecundo, aquel que se ofrece por Cristo, y en él no hay  distinción  entre todos los santos que han derramado su sangre en pos del Señor, porque todos participan de ese único martirio. 

El martirio, esa corona de gloria que se pone en la cabeza de unos pocos. El martirio, contrario a lo que muchos piensan, es un don de Dios, no a todos los que tienen la oportunidad de dar testimonio de su fe se les otorga. Pero a quienes se les concede, no se les concede para sí mismos, sino para bien de la Iglesia, ya que su testimonio sellado con sangre tiene más relevancia en la conversión de muchos que son testigos de él. Dios nos conceda a todos ser fieles a su palabra y a sus mandamientos, Dios nos conceda ser dóciles a su llamado y agradecidos en los dones que de Él recibimos.