sábado, 18 de enero de 2014

UN PILAR IMPRESCINDIBLE DE LA IGLESIA: MARÍA SANTÍSIMA


Esta foto me gusta mucho, es una foto de la imagen de la Inmaculada de la Medalla Milagrosa que se encuentra en un bellísimo altar en la parroquia de San Juan Bautista en el pueblo de Chiva, en la región valenciana, allá en España. El verano pasado tuve la oportunidad de apoyar a los sacerdotes de esta comunidad durante todo el mes de agosto. 

Es de admirar el magnífico templo que posee este pueblo. Es un templo repleto de imágenes de la Santísima Virgen María en distintas advocaciones. La imagen de esta foto, está en la entrada del lado derecho viendo hacia el altar. Es una imagen de tamaño natural que está en alto y que permite que quien la contempla se sienta verdaderamente visto por el bello rostro de la Virgen. 

Es así como me imagino ver a María, encumbrada, tanto que para ella no existe otra posición para vernos que mantener su mirada hacia abajo. Y nosotros situados bajo su protección, como niños que buscan el refugio de su mamá y se sienten seguros estando cerca de ella. Es también bello pensar que nos conviene que la Virgen esté encumbrada, porque así nos mantiene bendecidos con todas esas gracias que Dios le ha concedido y que ella a su vez nos otorga a nosotros. 


María Santísima como cualquier madre, quiere que sus hijos sean buenos, y no es algo exagerado pensar que ella tiene una gran fe en nosotros. Sí, María Santísima, a pesar de nuestra rebeldía, cree en nuestra salvación, cree que verdaderamente tenemos el poder de vencer la tentación y el pecado. Cree en nosotros e intercede por todos, porque a todos nos quiere salvados. Si estuvieramos conscientes del amor con el que nos ve la Virgen María. Y por este amor siempre se empeña en animarnos a que hagamos la voluntad de Dios y atendamos la palabra de su Hijo Jesucristo, los testimonios de sus apariciones a través de la historia dan cuenta de esto. 

Desdichado debería sentirse aquel que la desprecia, aquel que no la reconoce ni la venera como la madre del redentor, porque no sabe de lo que se pierde. Aún así, María Santísima ama a aquellos que la rechazan. Y es que su corazón transparenta tanto el amor de Dios que no puede más que querer la salvación también de los que no la quieren. 

Un verdadero cristianismo no puede prescindir de la Virgen María, simplemente le faltaría mucho de humano y de maternal, simplemente estaría en peligro de venirse abajo, porque le faltaría un pilar fundamental, un pilar que Dios mismo ha querido que sostenga una buena parte de la fe cristiana a través de los siglos.