jueves, 23 de enero de 2014

TESTIGOS MÁS QUE CAUDILLOS

En la actualidad el mundo no exige de los sacerdotes el ser "caudillos" de una causa o de un grupo de personas. El mundo quiere ver testimonios vivos de coherencia y compromiso. Sin embargo cuando se trata de ser el centro de atención, la tentación de muchos es grande  y a veces invencible. 

Ser caudillo es incluso más fácil que ser testigo. El caudillo solo se tiene que ser fiel a sí mismo, en cambio el testigo, tiene que renunciar a sí mismo y doblegar su voluntad para ser fiel a otro más importante que él. El caudillo busca reflector y ser escuchado, el testigo busca desaparecer para que otro aparezca y sea escuchado. El caudillo se cree un fin en sí mismo, el testigo se sabe medio para conducir a los demás a otro que es el verdadero fin. 

Vanidad, esa terrible tentación que siempre circunda a los servidores de Dios. La vanidad es un buen arma del enemigo para entorpecer la obra de Dios. Sirviéndose de ella el diablo es capaz de distraer a los que sinceramente quieren servir a Dios y los va centrando poco a poco en sí mismos. 

El panorama no es alentador, sin embargo no cabe duda que apesar del caudillismo y de la vanidad anti-Reino de Dios, existen hombres y mujeres de fe que todos los días se esfuerzan por ser verdaderos testigos y lo hacen con eficacia. A cada uno mientras tanto, nos toca revisar la propia conciencia y poner bajo la lupa nuestras actitudes para identificar cualquier signo de caudillismo y vanidad, y habiendolos identificado buscar la manera de desterrarlos de nuestra vida.