sábado, 11 de enero de 2014

μόναχος "MÓNAKHOS", MONJE, OSEA "PERSONA SOLITARIA"

Hace poco fui por primera vez a Francia. La capital francesa París, fue el destino de algunos días de mis vacaciones de navidad y fin de año. De hecho he pasado allá el año nuevo. Resumiendo puedo decir que París, es verdaderamente la "Ciudad Luz", de eso no me cabe la menor duda. Es bonita por donde la veas, cada rincón de la ciudad es digna de una postal. Pude visitar junto con algunos hermanos sacedotes los lugares clave de la ciudad. Sin embargo quedaron todavía muchísimos lugares sin conocer, debo volver, no se cuando pero lo haré. 



¿Qué cómo le hacemos los sacerdotes para viajar? Pues como cualquier persona, ahorrando. Los sacerdotes, al menos los del clero diocesano (o secular como dicen los que hablan una jerga eclesiástica más precisa) somos pueblo (eso claro si es que no perteneces a alguna familia del get-set) y por lo tanto tenemos que ahorrar para darnos el gusto de viajar por el mundo. 

Desde hace algún tiempo, creo que estaba todavía en el seminario, me ha llamado mucho la atención la vida monástica. Admiro la vida de los monjes que dedican toda su vida a la oración y a la contemplación. Ciertamente yo no tengo la vocación religiosa, sin embargo siempre me siento edificado por el testimonio de aquellos hombres y mujeres que llevan una vida de clausura, encerrados en la vida del monasterio. Tal vez es la sencillez de su vida, o la intensa oración que hacen, no sé, siempre encuentro fascinante esa manera de consagrarse a Dios. Les comparto aquí un pequeño video sobre la vida en un monasterio benedictino francés.