domingo, 12 de enero de 2014

EL BAUTISMO ES DON, ES PREDILECCIÓN



Hoy Domingo celebramos en la Iglesia la fiesta del Bautismo del Señor. No celebramos el sacramento en sí, sino aquel que lo instituyó como signo de vida nueva, de renovación, de gracia. Jesús recibió en sí el bautismo no como perdón de sus pecados, que de hecho no tenía ni uno sólo, sino que lo recibió para ser revelado por el Padre como su Hijo unigénito, aquel en el que tiene su complacencia. En su bautismo fue ungido con el Espíritu Santo que descendió sobre Él en forma de paloma. Este misterio de la vida del Señor se repite cada vez que una persona es bautizada. Es realmente una fiesta para la Iglesia, ya que la gracia de Dios se derrama nuevamente sobre un nuevo elegido. 


Hoy se anunciaron los nombres de los nuevos cardenales que el Papa creará en febrero próximo. Desde hoy oraré por ellos para que esta distinción los haga más humildes y serviciales a Dios y a su Iglesia. Y también para que sean fieles colaboradores del ministerio del Papa Francisco. Grandes cambios se estan dando en la Iglesia. Antiguos engranajes que con el tiempo se habían oxidado se estan poniendo a funcionar últimamente. 

Hace poco me encontré en la calle muy cerca de "il Pantheon" a tres turistas españoles (dos mujeres y un hombre) que me preguntaron como llegar a Piazza Navona. Me preguntaron si era sacerdote y les dije que si, y como suele suceder con las personas que le tienen aversión a la Iglesia, su actitud amable y curiosa se tornó desconfiada, a la defensiva y un poco hosca. Uno de ellos, me comentó: "Las cosas en la Iglesia necesitan cambiar" y yo amablemente le respondí: "La Iglesia siempre necesita mantenerse en una continua renovación y de hecho así siempre se ha mantenido" Otro intervino y me dijo: "El Papa estará sufriendo mucho por eso, nosotros lo estaremos haciendo sufrir" Y yo le contesté: "Efectivamente, toda persona que de verdad sirve con amor, siempre sufre, pero lo hace en silencio". 

Los nuevos cardenales, como cualquier otro servidor de la fe y de Dios deben tener eso muy presente, servir significa sufrir, poner a los otros antes que a ti mismo. Si crees estar sirviendo o amando algo o alguien y no sufres por ello, algo anda mal, tal vez no es verdadero servicio, tal vez no es verdadero amor.