lunes, 27 de enero de 2014

DE CUERVOS CALLEJEROS Y ODIOSAS GAVIOTAS...

Hoy todo el día ha estado lloviendo en la ciudad de Roma y la temperatura es baja. Definitivamente no dan ganas de salir a la calle. Algunos sacerdotes del Colegio Mexicano, tenemos la leve esperanza de que caiga nieve alguno de estos días. 

Durante la mañana estuve pensando que el evangelio siempre tiene algo que decirnos. Y que para poder escuchar verdaderamente la voz de Dios en su lectura o en su proclamación en la misa, debemos escucharlo atentamente y con fe, con sencillez de corazón. A veces no escuchamos bien, no porque no queramos escuchar, sino más bien porque no hemos aprendido a escuchar. Escuchar es todo un arte, y en la vida de fe, es una tarea irrenunciable.

Un cristiano sordo, o "sordeado" como decimos en mi tierra, no podrá ser buen cristiano, no podrá alimentar su buena intención de ser un buen Hijo de Dios, si no se pasa todos los días por algún rato, escuchando la palabra de Dios. Algunas de ellas no las entenderemos al instante, como cuando de pequeños o adolescentes no entendemos los discursos de nuestros padres y nos preguntamos: ¿porque me dice eso mi mamá? ¿Porque me manda hacer eso mi papá? En esos casos la actitud más adecuada es aceptar la palabra con humildad y aunque no la entendamos la resguardemos en nuestra mente y nuestro corazón meditándola cuidadosamente para evitar que caiga en el olvido. 

Ayer como todos los domingos hubo rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro. El mensaje del Santo Padre, como siempre fue sencillo y claro. El Señor Jesús llama a gente de "bajo perfil" a seguirlo para después anunciar el evangelio en las periferias. Estas palabras me llamaron especialmente la atención: "El Señor pasa por las calles de nuestra vida cotidiana. Tambien hoy, en este momento, el Señor pasa por la plaza. Nos llama a ir con Él, a trabajar con él por el Reino de Dios, en las 'Galileas' de nuestro tiempo". 


Al finalizar el rezo del Ángelus, el Papa junto con una niña y un niño, soltó sendas palomas blancas desde el balcón del palacio apostólico. Y entonces ocurrió lo que había pasado en ocasiones anteriores, las odiosas gaviotas y los callejeros cuervos romanos las atacaron (anexo foto). Cabe señalar que esos dos tipos de aves citadinas, son bastante agresivas y sin duda un poco carroñeras. Una inocente paloma blanca es una presa fácil para ellas. Pero no se preocupen, no se las comieron, aunque si salieron un poco magulladas del altercado.

Los medios de comunicación impresos y electrónicos, como siempre, se adelantaron a señalar que el hecho parecía un signo del ataque del mal contra el deseo del Papa por la paz. Y los encabezados de algunas notas periodísticas mas que del mensaje del evangelio que el Papa compartió, fueron sobre el  ataque que recibieron las palomas. Esto deja claro el nivel de "analfabetismo de la escucha" y de la exaltación de lo superficial, del que sufren muchos en la actualidad, en fin.

Aquí les dejo un pequeño video del mensaje del Ángelus del Santo Padre de ayer, con todo y lanzamiento de palomas.