miércoles, 6 de marzo de 2013

OREMOS POR LOS CARDENALES

La palabra cardenal viene del latín cardo, cardinis (eje de la bisagra), gozne sobre el cual gira una puerta. En esencia es el eje o punto de apoyo de una palanca. Su significado es elocuente, los cardenales son el "punto de apoyo" de la Iglesia y del gobierno pastoral a nivel universal del Papa. 

Como todo punto de apoyo, como todo eje de una bisagra, un cardenal en su labor de servicio a la Iglesia esta siempre en continua tensión. Esa tensión que se ejerce sobre el "punto de apoyo" de las palancas facilita un trabajo que de por si ya es difícil. 


Podemos afirmar entonces que el título de cardenal es, para quien le ha sido conferido, un compromiso todavía más fuerte de testimonio, prudencia, responsabilidad y caridad respecto a la misión propia de la Iglesia. 


Estoy seguro que en la actualidad ser cardenal no es nada fácil. Y esto se puede afirmar en la idea de que ser servidor nunca es fácil. Con los últimos acontecimientos en la Iglesia, la figura de los cadenales ha recibido todo el "peso" del gobierno y preparación del cónclave que elegirá al próximo Papa. 

Y no sólo este peso ha sido puesto sobre los hombros del colegio cardenalicio; en la actualidad la elaboración de "historias negras" sobre la vida y obra del Vaticano, las teorías conspirativas de orden político y las notas "informativas" de los narradores actuales de los hechos, es decir algunos periodistas, han hecho de las suyas en la tensión de los cardenales. 


Sin embargo, la sabiduría de la Iglesia ha dispuesto que estos hombres que sirven al pueblo de Dios de esta manera, sean elegidos con ciertas cualidades que como dones del Espíritu los capacitan para ejercer esta labor ardua. 


Por eso podemos estar tranquilos, ya  que aunque haya una tensión lógica en su labor, cada cardenal iluminado por su fe y según su personalidad sobrelleva estos momentos con serenidad y paz. 



Ellos mejor que nadie saben que en esta labor no estan solos y que como nos ha enseñado Benedicto XVI con su ejemplo, la Iglesia es una realidad que en la tierra es dirigida por hombres y al mismo tiempo está sostenida por la poderosa mano de Dios. 


Lo que nos toca a todos los que compartimos la fe, es respaldar a los señores cardenales, sobre todo con la oración por ellos. La oración confiada y el reforzamiento de la fe son las labores de todos los miembros de la Iglesia en estos momentos en los que esperamos la llegada de un nuevo Papa.