domingo, 10 de marzo de 2013

LA LLAVE DE LA FE


Dios nunca descansa, en su mente siempre existen proyectos de amor que buscan siempre el bien del hombre. Son proyectos para los cuales Dios se ha anticipado y ha dispuesto todo lo necesario para que sean una realidad, pueden ser proyectos que se den en distintos ámbitos, Dios no excluye ninguna realidad humana de su providencia y bondad. 
En esos proyectos Dios no quiere actuar solo, su corazón de Padre quiere siempre asociar a sus hijos en su realización, y es por eso que hace un llamado siempre personal y único a cada persona.
Cuando sientes una inquietud interior de insatisfacción, de saber que estas haciendo lo correcto y al mismo tiempo querer hacer más de una manera diferente y tal vez arriesgada, el llamado de Dios ya esta presente.
Es, por decirlo así, una inquietud positiva, un sentirte entusiasmado por algo que sabes que puedes hacer, pero que implicaría un esfuerzo mas intenso. Cuando te das cuenta del sacrificio que implica puede darte miedo, pero al mismo tiempo quieres realizar eso bueno que sientes en el interior, y entonces puede venir la primera crisis en la experiencia del llamado expresada en una pregunta: “¿Por qué yo? ¿Por qué no otro? hay tantos mejores que yo…”
Y toda esta lucha interior va creciendo hasta que el mismo caminar te pone la encrucijada, y entonces llega el momento de decidir. ¿Qué decisión tomar? Un camino que podemos tomar, sería el poner en la balanza todo lo que implica una decisión afirmativa o negativa… pero al hacer esto nos engañamos a nosotros mismos, porque los caminos prácticos no siempre son los más correctos y menos cuando se trata de cosas del espíritu.
La llamada de Dios es algo serio, algo que quien tiene fe, lo considera bueno, algo a lo que vale la pena responder. El llamado implica riesgo, pero también plenitud, humanamente podemos pensar que dar una respuesta positiva es un salto al vacío, pero para quien tiene fe, este salto al vacío se hace con paracaídas, es decir con plena seguridad, con una seguridad que no radica en las propias fuerzas sino en la fuerza de Otro.  
Y es entonces donde nos podemos dar cuenta de que en la vida de las personas llamadas por Dios, existen momentos clave en los que la decisión divina (el llamado) y la decisión humana (el “Sí”) se conjugan en un consorcio de responsabilidad y fe. Y contrario al pensamiento actual que busca la individualidad y en ello la propia conveniencia, la decisión que se tome ante el llamado de Dios debe ser considerada en un nivel más noble, el del amor a los demás y la donación personal. No se debe decidir solo con la mente, sino también con el corazón.  
En estos próximos días seremos testigos del llamado de Dios, dirigido a hombres concretos. Y también seremos testigos de la respuesta afirmativa a este llamado, que abrirá toda una época nueva en el gran proyecto de Dios llamado Iglesia. Y mientras el mundo le dará un sentido totalmente falso y contrario a lo que realmente significa, la llave de la fe abrirá para quien tiene el privilegio de poseerla, una lectura nueva e iluminadora del propio llamado de Dios en su vida.