jueves, 1 de noviembre de 2012

SER SANTO ES TRIUNFAR

En la Iglesia hoy celebramos a todos los santos. Los que creemos en Cristo siempre estamos de fiesta. Y estamos siempre de fiesta porque nuestro motivo de fiesta es un triunfo, el triunfo de Jesús el Señor. 
Cristo ha vencido porque ha resucitado, ha vencido el mal. Ser santo es precisamente eso, vencer el mal, a la manera -claro está- del Señor, que primero que nadie ha vencido al mal.
Ser santo es cosa de todos los días. Es caminar diariamente confiado en la misericordia y amor que Dios nuestro Padre nos tiene, es recibir en nuestra vida esa misericordia y amor  y compartirla a los demás en gestos concretos de bondad. Ser santo es amar a Dios sobre todas las cosas en actos concretos de amor a los demás. A la Iglesia le consta que hay personas concretas que caminaron por esta tierra y respiraron este aire que ahora estan gozando de la presencia de Dios.
Sí, a la Iglesia le consta... y por eso puede declarar públicamente que tal o cual persona puede ser considerada santa y está en este preciso momento delante de Dios contemplando su gloria. En eso creemos los católicos, esa es nuestra firme fe, en que tenemos una patria eterna que nos espera. Tenemos como lo ha afirmado el Señor Jesús un lugar en la morada del Padre (Jn 14, 2-3)
Celebrar a los santos es celebrar la posibilidad real, tangible y verdadera de ser eternamente dichosos. Es una afirmación de fe... habitar en la morada del Padre es posible, vivir en la presencia gloriosa de Dios es posible. Es posible para el que tiene fe, para el que imita a Cristo, para el que quiere salvarse, para el que teniendo buenos sentimientos, se hace bueno y siendo bueno, conoce a Cristo y conociendo a Cristo se esfuerza por ser mejor cristiano y siendo buen cristiano se sacrifica por los demás y sacrificandose por los demás imita a Cristo que es camino seguro para morar en presencia de Dios. (Jn 14, 5-7)