viernes, 19 de octubre de 2012

SABIDURÍA ECLESIAL

Roma esta en efervesencia. Estos días para los católicos son efervecestes... el Espíritu Santo esta trazando en el corazón de sus hijos nuevas inspiraciones, está renovando y dando nuevos impulsos a otras inspiraciones que anteriormente ha manifestado. Un sínodo, un aniversario de oro (el del inicio del  Concilio Vaticano II) y un año de la fe recién inaugurado... han sido los instrumentos que el Espíritu esta utilizando para manifestar su presencia y el rumbo de estos tiempos cruciales.
Y le doy gracias a Dios de poder estar en este momento aquí en Roma y más aún estar aquí estudiando... estudiando Teología. En este punto de mi estancia en Roma puedo decir que me gusta mucho el discurso teológico de las clases y del discurso teológico me gusta el que se refiere al ser y quehacer de la Iglesia. Me gusta la Eclesiología. Ese es el rumbo de mi especialización, por ese sendero quiero guiar mi reflexión y mi discurso. Esta es una primera intuición, no quiero ser categórico, no quiero como decimos en México: "quemar cartuchos", todavía me falta descubrir muchísimos más discursos. Y es que nuestra Iglesia es titánica en cuanto a sabiduría se refiere. Y que conste que dije sabiduría y no conocimiento, porque cualquiera puede conocer, pero no todos llegan a ser sabios. 
El conocimiento según la concepción postmodernista siempre mira hacia lo pragmático hacia lo que es útil en el momento y claro te sirve para alcanzar tus intereses, la sabiduría en cambio es noble y consistente, da sentido a las cosas, sabe para que sirven, pero no esconde en sí misma ese desgraciado afán de sacar ventaja, la sabiduría crea armonía, equilibrio, diálogo, respeto, amor. Nuestra Iglesia es Sabia gracias al larguísimo camino que ha recorrido, pero sobre todo es sabia gracias a Aquel que la conduce. Y en su vasta sabiduría milenaria, La Iglesia tiene mucho que ofrecer, tiene mucho que compartir, tiene mucho que enseñar. Me gusta ser alumno, escuchar y aprender. Ojalá mis oídos y los tuyos también, siempre esten atentos aquello que el Espíritu nos quiere decir, y siendo buenos discípulos seamos también dóciles a sus inspiraciones y las hagamos vida.

1 comentario:

Carlos M. Arrieta Corro dijo...


Muy intersante diferenciar el conocimiento de la sabiduría.

Qué confianza y seguridad da el sentirse acogido por una Iglesia que nos proporciona todas esas características de la sabiduría que emana del Creador.