miércoles, 4 de julio de 2012

¡GRACIAS PARROQUIA DE SANTA BEATRIZ DE SILVA!


Homilía del P. Eliezer Israel Sandoval Espinoza
Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista.
Sábado 23 de junio de 2012


A lo largo de toda la Sagrada Escritura un elemento que salta a la vista en la vida de los que tienen fe, es el de la vocación que Dios nos regala a cada uno. Vocación significa llamado. Desde el momento en el que Dios nos pensó, puso un llamado en nuestra naturaleza.

              No es un llamado egoísta, no es una programación preconcebida como la que se les hace a las computadoras. Es sobre todo un llamado hecho desde el más puro y generoso amor de Dios. Dios nos ama, eso es innegable, y como nos ama quiere que seamos felices, y como quiere que seamos felices pone delante de nosotros un camino que se abre como un mundo de oportunidades para  corresponder al “Sí” eterno y misericordioso que Dios ha pronunciado en nuestra vida.

En la primera lectura que acabamos de escuchar el profeta Isaías reconoce este llamado en su vida al afirmar que Dios lo ha llamado por su nombre desde el seno de su madre. La vocación que hemos recibido todos es un llamado que exige una respuesta pronta… la tardanza en la respuesta o la falta de atención a este llamado priva a quien lo ha recibido de un rumbo fijo y seguro.

Si respondemos pronta y generosamente, Dios nos convierte en útiles instrumentos de su gracia… así como al   profeta lo convirtió en flecha puntiaguda y sus palabras en hoja afilada de espada… Juan el Bautista, a quien con toda justicia podemos llamar el último profeta, recibió un llamado especial en su vida para allanar el camino que recorrerían los hermosos pies del Mesías.

Su nacimiento, anunciado en el más oculto, misterioso y sagrado lugar del templo israelita, deja de manifiesto el poder y el afán salvífico de Dios. Y es que es tanta la expectación que provoca el nacimiento de este niño, que arranca de la boca de los contemporáneos una pregunta: ¿Qué va a ser de este niño? Con su presencia, palabra, estilo de vida, testimonio y denuncia, Juan el Bautista cumple cabalmente su misión, y encuentra el sentido de su vocación en ser fiel a Dios antes que a los hombres.

Su presencia se convierte en signo de una era nueva porque rompe esquemas preconcebidos abriendo para el pueblo caminos nuevos de libertad, justicia, fe y esperanza, con sus palabras derriba el ídolo de una práctica religiosa basada en el egoísmo y la presunción. La inagotable fortaleza de su ministerio profético siempre tiene como fuente la docilidad a la inspiración del Espíritu Santo. Inspiración que nunca le faltó porque fue constituido en medio del pueblo como mensajero de las maravillas de Dios, y porque la mano del Señor estaba con él.

Asumir el llamado que el Señor nos hace a ser instrumentos de su gracia no es una opción para los discípulos y discípulas de Cristo, y menos para aquellos que hemos sido   adoptados como hijos e hijas de Dios. Es responsabilidad de cada uno responder a este llamado y descubrirse –según el salmo que hemos escuchado- como prodigio creado por Dios.

Esta sagrada Eucaristía es oportunidad el día de hoy para elevar una acción de gracias a Dios nuestro Padre, por el don del ministerio sacerdotal. Personalmente quiero elevar mi acción de gracias por este don tan grande que me ha concedido, ser sacerdote de Cristo. Y también por haberme dado la oportunidad de ponerlo al servicio de esta bonita comunidad parroquial de Santa Beatriz de Silva.

Y ahora que Dios en voz de nuestro pastor, me pide servir a la Iglesia en otro lugar, quiero expresar mi gratitud con sencillas palabras. Si hay cosas que marcan especialmente el ministerio de los sacerdotes, una de ellas es el primer destino de ministerio. Aquí en Santa Beatriz, aprendí a ser sacerdote, aquí lo aprendí, en el seminario me dieron elementos, pero el ponerlos en práctica definitivamente ocurrió aquí. Estos dieciocho meses en los que he estado entre ustedes, han sido toda una escuela para mí.

              Aquí aprendí desde cero a celebrar y presidir la misa, aquí aprendí a predicar la palabra, aquí aprendí a confesar, a ungir a los enfermos, aquí aprendí de mi párroco el padre Juan Carlos que el servicio fiel, tenaz y comprometido está por encima de las preferencias y comodidades de uno mismo, también aprendí de él, que el liderazgo pastoral es capaz de edificar espiritual y materialmente a la comunidad en la fidelidad a la verdad, y a guiarla para alcanzar metas perdurables sin importar lo grandes que sean.

  Aquí aprendí del padre Eusebio que la fe y la confianza en Dios, nos sostienen en los momentos más difíciles y nos otorgan una fortaleza que no es para otra cosa que para darlo todo sin escatimar. Aprendí de todos los fieles laicos de esta parroquia, sobre todo de aquellos que me otorgaron su confianza y cercanía, que somos una Iglesia en camino y que en medio de nuestros afanes y ocupaciones es posible hacer vida la vocación a la    Santidad que a cada uno hemos recibido.

  Mi esperanza esta puesta en Dios, y en él espero que la semilla que sembró en esta comunidad a través de mi pobre   ministerio, sea fecunda. Espero haber sido útil a la gracia de Dios, de cualquier manera les dejo como regalo y a manera de servicio las primicias de mi ministerio sacerdotal.  Algunas personas me han pedido, que no me olvide de esta parroquia, pero ¿cómo se me puede olvidar la primera parroquia donde serví como sacerdote? Me los llevo en el corazón de eso estén siempre seguros. Y si en algún momento no fui testimonio de caridad o de servicio cristiano, espero que no haya hecho mucho daño, por lo pronto todavía puedo justificarme diciendo: “Estoy chavo, se me hizo fácil, no sabía lo que hacía” Aunque pensándolo bien nunca podemos tener justificación para faltar a la caridad, así es que pido una disculpa sincera a quien no le di buen testimonio.

  Estuve poco tiempo entre ustedes, es cierto, sin embargo de lo poco que estuve con ustedes Dios me ha demostrado que fue el tiempo suficiente para aprender y ser mejor sacerdote. Gracias Señor por otorgarme esta oportunidad y regalarme como primer destino de mi ministerio esta bonita  comunidad. Gracias a todos ustedes por la oportunidad que me dieron de servirles, por la oportunidad de compartir la fe y el caminar en comunión.  Gracias por su confianza, oración, amistad y testimonio.

  Nos volveremos a ver, eso ténganlo por seguro, y no es amenaza es promesa. También les prometo que el primer pensamiento y oración que ofrezca ante la tumba del apóstol San Pedro en su Basílica ahí en el Vaticano, será por todos ustedes, fieles y pastores de la comunidad parroquial de Santa Beatriz de Silva. No dejen de orar, no dejen de ser perseverantes y esforzarse en hacer vida la voluntad de Dios, no se cansen de esforzarse para ser cada vez mas santos.

  Quiero despedirme con las palabras que el beato Juan Pablo II pronunció en el estadio azteca al finalizar su quinta y última visita a nuestro país: “Me voy, pero no me voy, me voy pero no me ausento, porque aunque me voy de corazón me    quedo.” Que Dios los bendiga.

1 comentario:

Kari Martínez dijo...

Hola Padre. Espero haya llegado con bien a su destino. Pues yo no lo conocí mucho.. entré a impulso 3 semanas antes de que se fuera, pero el tiempo que lo traté, pude ver que es una excelente persona, sacerdote y amigo. Espero en Dios que cuando regrese, pueda conocerlo y tratarlo más. Un saludo Padre. Bendiciones!!