sábado, 29 de octubre de 2011

REIVINDICAR A DIOS CON NUESTRA COHERENCIA


Todo pastor de la Iglesia debería vibrar interiormente al decirle a sus hermanos en su predicación: "Permítanme hermanos hablarles de las maravillas de nuestro Dios" y al mismo tiempo comprometerse de una manera férrea a vivir conforme a lo que predica.

La autoridad de los padres de familia no depende de su actuar moral, depende de la voluntad libérrima de Dios de otorgarles el don de la paternidad. Sin embargo la voluntad de Dios brilla aún más en un padre de familia que con autoridad y ejemplo va guiando a sus hijos.

No es lo mismo enseñar y no dejarse enseñar, que enseñar y no dejar de ser discípulo. La voluntad de Dios se manifiesta en ser maestros según su eterna sabiduría teniendo la suficiente humildad para reconocernos limitados y nunca infalibles, sino siempre dependientes e inacabados.

Reivindicar la autoridad de Dios como Maestro, Padre y Guía en nuestras acciones como maestros, padres y guías es una buena opción para combatir nuestra hiriente incoherencia. Divorciar fe y vida nunca es una buena opción para un discípulo de Cristo. Dejar que Dios se transparente a través de nuestras obras es devolverle su papel de verdadero y único Maestro, Padre y Guía.