lunes, 5 de septiembre de 2011

TODO UN DEPORTE


Hace pocos días fuí a recoger a la Cancillería diocesana el diploma que en mi diócesis otorgan a los sacerdotes cuando son ordenados y que sirve como un documento que certifica nuestra ordenación sacerdotal. Ciertamente es un documento elegante, que me recuerda la importancia y solemnidad de mi compromiso sacerdotal.

A un año de mi ordenación como sacerdote, puedo decir que son insuficientes mis esfuerzos por corresponderle a Dios todo el amor y la misericordia que me ha mostrado al otorgarme tan importante gracia: ser su sacerdote.

En cada compromiso que asumimos deberíamos de tener en cuenta que la fuerza necesaria para cumplir con él, es decir 'Sí' en cada momento. Si nuestro 'sí' es sostenido día con día podremos cumplir con nuestra vocación siempre. La virtud de la perseverancia se va forjando gracias a los cotidianos asentimientos que damos. Responder afirmativa y constantemente a nuestra vocación es cumplir la voluntad de Dios.

Cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas, es un verdadero ejercicio. De hecho es todo un deporte. Algo que por amor se puede practicar todos los días y en el que nos vamos perfeccionando gracias al ejercicio continuo. Ojalá nos decidamos a ejercitarnos en este aspecto tan importante en nuestra vida de fe: hacer nuestra la voluntad de Dios.