lunes, 22 de agosto de 2011

DON DE DIOS

Cuando me pongo a pensar sobre el don de Dios, simplemente me sorprendo de la generosidad que tiene con nosotros. Y es que pensar en el infinito amor de Dios es toda una aventura. Si los hombres pudiéramos experimentar el amor de Dios en todo su esplendor, estaríamos realmente completos. No tendríamos otra ocupación que Cntemplar y recrearnos en la visión de Dios. Y eso es estar en el cielo. Todos los días se nos dan signos de este amor que el creador nos ofrece, pero en la mayoría de las ocasiones estamos distraídos, no reconocemos el amor de Dios presente, vivo, operante alrededor nuestro.

El odio es escandaloso, quiere que le pongan atención. Se sacude y arma un circo para que le pongamos atención. Nos quiere atrapar y arrancarnos la esperanza del corazón. Quiere aprisionarnos en la cárcel de nuestro egoísmo y engañarnos para que le sirvamos, para que lo justifiquemos.

El amor en cambio es sencillo, sutil, llega de improviso. Nos sacude y nos pone en el corazón intenciones buenas. Nos deja en libertad para que decidamos como conviene. Nos da paz y hace que vivamos tranquilos. El amor no necesita justificación porque se conduce en la libertad. Nos plenifica, porque hemos sido creados para amar, no para odiar.

Cuando odiamos nos desfiguramos y ya no nos reconocemos. Cuando amamos nos identificamos con aquel que nos ha Creado y nos encontramos con nosotros mismos. Es un verdadero arte el experimentar el amor que nos libera.