viernes, 26 de agosto de 2011

¡DIOS BENDIGA MONTERREY!


Ayer fue un jueves negro aquí en Monterrey. Más de 50 personas fueron asesinadas cruelmente cuando un grupo delictivo incendió un casino. Ha sido decretado el duelo nacional de tres días por el que han llamado "el peor ataque del crimen organizado contra la sociedad civil mexicana".

Es un acontecimiento que ha cimbrado de una manera importante la vida de nuestra ciudad. Ha provocado reacciones de todo tipo. Pero sin lugar a dudas la reacción más evidente es el dolor. La sociedad regiomontana esta herida. Muchas familias han perdido de una manera absurda a alguno de sus miembros. Este ataque irracional ha revelado una vez más la pérdida de respeto por la vida y ha desconcertado a aquellos que creían que los límites de la violencia ya no podían ir más allá.

Es tiempo de duelo, pero también de reflexión y compromiso. Si la maldad gana terreno es por que se han abierto puertas de par en par para darle libre paso. La indiferencia social, la falta de participación, de exigencia y apoyo ciudadano a las autoridades ha dado pie a la libre actuación de los que están fuera de la ley. Es necesario, es urgente un cambio social provocado por ciudadanos convencidos de que tienen una responsabilidad histórica y una oportunidad única para dejar como herencia a las próximas generaciones, una sociedad saneada de tanta corrupción y maldad.

La maldad ha hablado y escandalizado, ha hecho oír su voz. Sin embargo Dios también tiene algo que decir. Y su palabra es la definitiva y última. Benditos los que tienen puesta su fe en Dios y en su actuar, porque si la maldad para expandirse no descansa, Dios mucho menos. La fe en que Dios ordenará todas la cosas, dispondrá las voluntades y juzgará oportunamente es fuerza para los que se han convertido en víctimas. A los que tenemos fe nos toca hacer lo nuestro, orar, actuar y comprometernos para convertirnos en promotores de justicia y paz, primero personalmente y luego en los ámbitos en los que nos movemos.

¡Dios bendiga Monterrey!