lunes, 18 de julio de 2011

SIN NECESIDAD DE SIGNOS PARA CREER

No todas las personas que seguían al Señor Jesús en su época eran sinceros en su seguimiento. Entre ellos estaban los escribas y fariseos, que aunque no tienen ni la más mínima intención de ser discípulos del Señor no ocultan su cinismo al llamar al Señor Jesús "Maestro". En el evangelio de la misa de hoy (Mt 12, 38-42), estos falsos seguidores, le piden al Señor una señal prodigiosa hecha por él.

La respuesta del Señor no se hace esperar y responde con gran exaltación ante lo frustrante que le resulta la dureza de corazón de estos personajes ante el don gratuito de su predicación.

La palabra de Dios no es algo que admita una comprobación para demostrar su eficacia y poder. Pedir pruebas tangibles para creer, es la mayor descortesía para Dios, quien se entrega totalmente y todos los días a los hombres por amor. Es cerrar el corazón ante la autenticidad del don de Dios.

Y es así que muchos de nosotros hemos alguna vez caído en esta tentación, somos tan frágiles en nuestra naturaleza que consideramos a los sentidos como único conducto para que podamos aceptar, y comprobar la verdad.

Realizar un acto de fe todos los días sería un buen ejercicio para crecer en esta virtud teologal, indispensable para aquellos que quieren ser verdaderos discípulos. Convertirnos y creer en la buena nueva es una tarea de todos los días, nuestra seguridad ante esta realidad que nos quiere arrebatar la presencia siempre santa y santificadora de Dios.