lunes, 16 de mayo de 2011

PAX VOBISCUM

Hablar de paz no es fácil. Primero deberíamos de llegar a una definición unánime de lo que es la Paz. Algunas definiciones:

· estado a nivel social o personal, en el cual se encuentran en equilibrio y estabilidad en las partes de una unidad.

· ausencia de inquietud, violencia o guerra.

· bienestar material y de espíritu.

· Consenso personal o institucional de respeto al derecho ajeno.

En el contexto de la fe católica ninguna de estas definiciones tiene un significado absoluto. Son algunas de ellas consecuencias de la verdadera PAZ.

Para los cristianos católicos de todos los tiempos la PAZ no es una idea, una teoría, un consenso, un estado o un logro. La PAZ desde la óptica cristiana es una persona: Jesús de Nazaret. Así lo atestigua el evangelio de San Juan:

“Os he dicho estas cosas para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulación. Pero ¡Ánimo! Yo he vencido al mundo.” Jn. 16, 33

“Les dejo la paz, mi paz les doy; no se la doy como la da el mundo. No se sientan turbados, y no se acobarden.” Jn 14, 27

A la pregunta:

¿Cómo podemos responder desde nuestra fe a la situación de violencia que actualmente estamos viviendo?

Viviendo en comunión con el Señor Jesús. Estando en plena comunión con Jesús. La paz de Cristo es experiencia de Él mismo en nuestras vidas. No es que nos otorgue la paz como algo externo, instrumental, separado de Él, sino que nos otorga la verdadera PAZ, como acción suya en nuestras vidas. Cristo es nuestra PAZ. Es PAZ verdadera, auténtica, duradera, inconmovible, en una palabra es la PAZ que anhela el hombre desde el primer momento de su existencia. En la vivencia de esa paz, se colman todas las esperanzas legítimas y buenas del hombre.

La experiencia personal de la PAZ de Cristo, necesariamente nos debe llevar a compartir esa PAZ a todos los que están a nuestro alrededor. Nos mueve a querer que los demás también sientan esa PAZ. Pero, ¿Cómo puedo compartir a Cristo como fuente inagotable de PAZ?

Es necesario primero que nada compartir a Cristo como experiencia personal, no como doctrina. Si tu compartes tu experiencia personal de Cristo, en vez de querer adoctrinar a todo el que se te ponga delante, vas a obtener más fruto. A nadie le gusta que lo sermoneen, pero a todos nos gusta que nos tengan la suficiente confianza para compartirnos experiencias personales. Jesús es experiencia de vida, que se debe traducir y compartir a través del testimonio personal.

Si tienes fe en Cristo necesariamente puedes creer que la PAZ, que tanto necesitamos es posible. Pero si te sientes incapaz de encontrar luz en este ambiente aparentemente dominado por las tinieblas te comparto el siguiente poema del P. Luis Carlos Flores Mateos, S. J.:

Cuantas veces me quedo satisfecho,

dizque buscando el bien, con la apariencia.

De esta conformidad nacen vapores

que acaban por hundirme en noche espesa.

¿Acaso soy un ciego voluntario?

Experimento a ratos la sospecha;

entonces un relámpago furtivo

perfora, momentáneo, mis tinieblas.

¿Me acerco así a la hora dichosísima

en que mi ceguedad desaparezca?

Volviendo a la Verdad abandonada

Recobrará sus luces mi conciencia.

Ciertamente no podemos influir en lo que los demás hagan, piensen, sientan o decidan. Sin embargo en lo más profundo de nuestra conciencia, cada uno de nosotros podemos dejarnos iluminar por la acción de Dios y optar por la PAZ. Abrir el corazón y dejar que se renueve con la PAZ de Cristo. Actuar en consecuencia será más fácil. Que desde tu fe, puedas irte convirtiendo poco a poco en instrumento de la PAZ de Cristo. El trabajar por la PAZ por la que es verdadera, es tarea y vocación cristiana por excelencia. ¿Estarías dispuesto, estarías dispuesta a comprometerte a reconstruir la Paz?