lunes, 25 de abril de 2011

RESURREXIT SICUT DIXIT: HA RESUCITADO, SEGÚN PREDIJO


Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres: lo matarán y al tercer día resucitará».

Mt. 17, 22-23a


Cristo ha resucitado. Esta es una sólida convicción de la comunidad cristiana. Es una vedad que todavía ahora, a casi veintiún siglos de que tuvo lugar sigue nutriendo la fe de la Iglesia, la fe de todos los bautizados. Cristo vive, de eso no podemos tener duda. La historia de salvación que en el suplicio de la cruz, parecería haber terminado en derrota, da un vuelco extraordinario cumpliendo cabalmente las palabras del Señor que escuchamos en los evangelios y que Cristo pronunció para dar consistencia al misterio de su encarnación-pasión-muerte-y resurrección.

Somos parte de una comunidad universal y milenaria de testigos que a lo largo de los siglos han dado testimonio de que creemos en un Señor Resucitado. Con la Resurrección del Señor Jesús todo adquiere un sentido nuevo. Los apóstoles experimentaron esta nueva perspectiva, que les ayudó a leer en clave nueva todo lo que escucharon al Maestro. Lo que permanecía oculto ahora estaba radiante de luz, lo que era confuso ahora se puede entender claramente. Cristo ha resucitado y con él la fe de ese puñado de hombres que se escandalizaron al verlo ultrajado en la cruz.

Esta es la gran fiesta para la que nos preparamos durante todo el tiempo de la cuaresma. Es una fiesta que debe ocuparnos de una manera especial, es una fiesta en la que “podemos” estar felices, es una fiesta en la que necesariamente DEBEMOS estar felices y gozosos. Porque en la vida del cristiano, del bautizado, ya nada debe de llenarnos de espanto, Cristo ha muerto, sí, pero ha resucitado, ha vencido, y porque él ha vencido nosotros también en Él podemos vencer.

Esta sólida convicción fue la que dio una fuerza extraordinaria a los primeros cristianos que fueron perseguidos y martirizados por crueles verdugos. Ya nada nos puede atemorizar, porque Cristo ha vencido al pecado y a la muerte y si la maldad nos atemoriza, es porque todavía no hemos asumido esta verdad absoluta, el Señor Jesús tiene poder sobre el pecado y la muerte, la maldad ya no tiene supremacía, el Resucitado la ha humillado a tal punto que aquellos que quieran de veras, librarse del mal puedan hacerlo unidos a Él.

Esta convicción debe de acompañarnos a cada instante. Tal vez el temor a la violencia actual, tiene sumidos en la incertidumbre a muchas personas, tal vez la cercanía de eventos trágicos y dolorosos nos llenan de preocupación. Sin embargo no podemos paralizarnos ante este aparente “dominio del mal”, el mal avanza cuando la gente con fe y valores no hace nada.

Es por eso que debemos seguir adelante sin miedo, teniendo a Cristo Resucitado como nuestra mejor y más grande motivación. Y si nos suceden desgracias, si nos sentimos aplastados por la injusticia, abrumados por una pena que parece no tener fin, hemos de estar seguros de que esa no es la última palabra sobre nuestra existencia.

El mal puede decir, puede vociferar, puede rugir, pero todavía falta la última palabra, que pertenece a Dios y a su justicia, de la cual nadie, se podrá librar. No es para nada una venganza, es juicio recto y misericordioso basado en la conducta de cada uno, es palabra de Vida, palabra de Resurrección, que hará resurgir del sepulcro a todos.

Es palabra que pondrá en orden toda las realidades, que pondrá en su lugar cada situación y dará remedio a aquello que está torcido. Cristo no se quedó inerte en el sepulcro, ha resucitado y salido del sepulcro, y así como su palabra se cumplió, así la última palabra de Vida que Dios pronuncia será cumplida de forma definitiva.

Celebremos, demos testimonio, gocemos, demos gracias, oremos confiadamente, vivamos intensamente nuestra dignidad bautismal, experimentemos a Cristo Resucitado en este tiempo de pascua. Muramos a todo aquello que nos esclaviza, que nos aflige, que nos ata, que nos hace infelices, dejemos en manos de Dios el juicio definitivo sobre el mal y la opresión, para que abnegándonos a nosotros mismos podamos resucitar con Cristo.

¡Feliz Pascua de Resurrección!