miércoles, 9 de marzo de 2011

HE HECHO LO QUE TENÍA QUE HACER

Son las 10:54 p.m. y estoy terminando la extenuante jornada de mi primer Miércoles de Ceniza como sacerdote. Es impresionante la cantidad de gente que se volcó hoy a la parroquia. Y muchos de ellos se confesaron. Después de casi cuatro horas de confesión, acabas hecho papilla, ya entiendo como el Santo Cura de Ars se hizo santo. Yo no doy para tanto, debo reconocer que me falta mucha abnegación y santidad.

Y como le dijo un venerable cardenal anciano a otro purpurado más joven: "se hace lo que se puede eminencia, se hace lo que se puede." Y estoy sintiendo nuevamente ese cansancio rico que encuentra su mejor descanso en la satisfacción de que hoy le dí al Pueblo de Dios lo que le pertenece, el sacerdocio ministerial que me fue encomendado. Hice todo lo posible por dar todo lo que se puede. De eso no me cabe la menor duda y me siento feliz.

Estoy haciendo lo que quiero hacer y dedicándome a lo que muchos días soñé en el seminario: servir al Pueblo de Dios. Y como dice el Señor: "Cuando hayan hecho lo que les tocó digan: 'Siervos inútiles somos, hemos hecho lo que teníamos que hacer'." Y es impresionante la paz, alegría y satisfacción que se encuentra al decirle eso a Dios al final de una jornada como esta del inicio de la cuaresma.

Y ya me voy a dormir. Ya es tarde y mañana será otro día. Dios ha derramado suficientes gracias en este y estoy seguro de que en el día que sigue no será diferente. A Él no le ganamos en generosidad y amor.