miércoles, 16 de marzo de 2011

CONSTRUYENDO NUESTRA SALVACIÓN

Que fácil es destruir. Los seres humanos somos buenos destructores. Cuando algo no nos gusta o no nos importa tenemos siempre la opción de destruirlo. Cuando un conglomerado de gente construye algo, es probable que los que surgen después, cuando los constructores ya no están, no valoren lo que a ellos no les costó nada construir. Y entonces grandes construcciones quedan en el olvido o simplemente se prescinde de ellas echándolas por tierra.

En cambio cuando es necesario construir nos topamos con dificultades. Qué difícil es construir. Picar piedra para poner los cimientos fuertes, reunir recursos para levantar aquello, es complicado. Para construir se necesita virtud, para destruir no. Para destruir a veces se necesita sólo un sentimiento: la ira, en otras ocasiones basta la indiferencia para que las cosas se llenen de moho y poco a poco se destruyan.

Para construir es necesario dedicar en ocasiones toda una vida. Para destruir sólo bastan pocos segundos. Si trasladamos estas ideas a nuestro camino de conversión, nos estaremos topando con lo que debe ocuparnos toda nuestra vida: construir un camino seguro y directo hacia nuestra salvación.