jueves, 3 de febrero de 2011

EXTREMO FRÍO Y TESTIMONIO

Durante estos días habrá mucho frío en Monterrey, y no dan muchas ganas de salir de donde se está, porque el enfrentar estos embates de la naturaleza realmente es pesado. Las temperaturas bajo cero en mi tierra son consideradas raras, y es por eso que a pesar de que nos quejemos de ellas, las disfrutamos. Aquí estamos rodeados de montañas y cuando la temperatura baja mucho como en toda montaña normal, nieva, y ese espectáculo no se lo puede perder un buen regiomontano. En la Alameda que se encuentra en el centro de la ciudad alguien dejó abierto el sistema de riego y se formaron impresionantes témpanos de hielo sobre los árboles. Hoy ha sido un día que todos hemos disfrutado, con todo y el extremo frío.

Cuando la naturaleza nos azota de esta manera, me doy cuenta que en muchas ocasiones nos hacen falta esos azotes. A veces hemos llegado a menospreciar tanto nuestra fragilidad y vulnerabilidad que vamos por la vida viviendo de una manera asquerosamente egoísta. Nos creemos los dueños del mundo y con una autosuficiencia tal que nos olvidamos de los demás. Nuestro egoísmo nos aísla y nos hace ser indiferentes a las necesidades de los que nos rodean. Con gusto he constatado que tanto en las misas de ayer y en las de hoy la gente devota que viene todos los días a misa no se dejó vencer por la tentación de quedarse en la comodidad de su casa. Pudieron hacerlo, no es obligatorio ir a misa todos los días y menos en condiciones climatológicas como estas.

Pero escogieron el esforzarse por no perder el pan diario de la palabra y de la Eucaristía. Ese tipo de detalles llenan de gozo a quienes hemos sido llamados a ser pastores del pueblo santo de Dios. Es un sencillo testimonio que me compromete a entregarme con más fuerza al servicio de estos hermanos nuestros.
Bendito frío inclemente, que de muchos hermanos nuestros sacas la fuerza para ser fieles a Dios y a no olvidarse de Él aún y en las condiciones más extremas.