sábado, 22 de enero de 2011

EN CASA

Desde que surgió en mi mente la idea de ser sacerdote, pensaba en lo a gusto que me sentía en mi apostolado de catequista y esa sensación de pertenencia que reconforta cuando estas en un lugar del que no te quieres ir y sientes como tu casa. Durante toda la formación tuve la sensación de que el seminario era mi casa, no me sentía para nada extraño en esos edificios. Los sentía verdaderamente míos y llegué a tener esa fuerte sensación de pertenencia al Seminario, aún hoy si lo visito lo siento como mi casa.

Ahora que estoy en la parroquia me doy cuenta que esa sensación la estoy experimentando ahora mismo. Me siento en casa y verdaderamente parte de esta comunidad parroquial. Y al experimentar esta sensación me doy cuenta que no es tanto el espacio material, sino las personas las que hacen que me sienta en casa. También el sueño de ser sacerdote "de parroquia" lo estoy viviendo ahora en carne propia. Ya no es un sueño de mis más plácidas noches de seminarista, es una realidad y un regalo que Dios me ha dado. Soy sacerdote y me siento completamente feliz en la vivencia de mi vocación. Y también espero en Dios que pueda dar siempre el 100% de mi mismo en lo que soy y en lo que hago.