martes, 25 de enero de 2011

CONVERSIONES

Cuando estaba en el seminario siempre contemplé la conversión de San Pablo, como una conversión modelo. Ahora que estoy como vicario en la parroquia, y después de tener la oportunidad de ayudar a los hermanos y hermanas a reconciliarse con Dios a través del sacramento de la confesión, me doy cuenta que cada persona posee un camino de conversión tan único como ellos mismos. Y es que no existe un standard para poder poner a tabla rasa a todos los cristianos en cuanto a la conversión se refiere. Cada uno va a su ritmo, y lo mejor de todo es que Dios respeta el proceso de cada uno. No violenta los procesos que el mismo sabe que son buenos para sus hijos. El estar en continua conversión es tarea de cualquier discípulo de Jesús, en el caso de San Pablo su conversión fue por decirlo así "a corazón abierto", fue violenta, inesperada, llena de un impacto que sólo una persona con el temple y fuerza de Saulo, podría soportar. Otros llevamos una conversión de manera "homeopática" en pequeñas dosis. De una u otra manera la conversión hecha decididamente y con fe, llega a ver frutos de santidad.