viernes, 31 de diciembre de 2010

ACCIÓN DE GRACIAS

“Todo esto ha sucedido para bien de ustedes,

para que recibiendo muchos la gracia de Dios,

muchos sean también los que le den gracias,

para la gloria de Dios.”

2 Cor. 4, 15

A lo largo de nuestra vida hemos recibido de Dios grandes dones. Nadie sobre la tierra puede decir que no ha recibido en su vida alguna gracia especial de parte de Dios para su edificación o su disfrute. Dios nuestro Padre nunca se deja ganar en generosidad y con un cuidado especial siempre está al pendiente de las necesidades de sus hijos amados. Y aunque aparentemente en algunas ocasiones guarda un silencio que parecería a veces desesperarnos, su presencia es innegable, Él nunca se separa de nosotros, y se muestra respetuoso de nuestras propias decisiones y pasos, no obliga a nadie a ser bueno, ni violenta nuestra libertad presionándonos. Dios es un Padre amoroso que a todos los ve valiosos y dignos de oportunidades nuevas.

En este contexto del amor de Dios nuestra vida se va desarrollando y va recibiendo de Él la fuerza necesaria para seguir adelante. En el devenir del tiempo Dios nos va mostrando su amor y misericordia, su presencia amorosa, y nosotros hombres y mujeres de fe, deberíamos poner gran atención a estas intervenciones divinas en cada momento de nuestra existencia. Ser sensibles a la intervención de Dios en nuestra vida es una tarea que se propone necesaria en cada momento, porque es convicción de los que tenemos fe que todo lo bueno que nos sucede es voluntad de Dios. Y el tiempo presente en el que estamos a punto de terminar un año civil más, se nos presenta como una excelente oportunidad para elevar una acción de gracias a Dios, por todo lo que recibimos como gracia de parte de Él en este ciclo que termina.

Es necesario también darle gracias por las oportunidades que tuvimos en los momentos difíciles de experimentar su acción misericordiosa y su asistencia, y por las veces que ofreciendo nuestros sufrimientos le dimos gloria. Una acción de gracias a Dios en esta época nos ayuda a mantenernos sobrios y no dejarnos envolver por los excesos. Este mundo en muchas ocasiones ya no eleva sus ojos al cielo y no regala al Creador siquiera un pensamiento. Y el peligro de creernos autosuficientes ronda nuestra vida cotidiana alejándonos automáticamente de Aquel del cual recibimos gracia sobre gracia.

El egoísmo nos cierra al don del agradecimiento y hace el corazón duro, incapacitándonos para darnos a los demás y en los demás a Dios. En cambio un corazón que se sabe limitado y en camino, eleva continuamente una acción de gracias a Dios, porque tiene plena conciencia de que todo lo que posee en cuanto bueno, procede de Dios, así el corazón agradecido no deja nunca de experimentar paz, fortaleza y consuelo.

Te invito a que en este fin de año hagas un examen de conciencia y reconozcas todas las intervenciones salvíficas que Dios te regaló en este año y que descubriéndolas te unas a la acción de gracias que muchas personas hacen a Dios por todo lo recibido en este ciclo que termina y que lances hacia delante una mirada llena de Esperanza en que el año que viene será todavía mejor que este que terminamos.

Que la celebración de la Navidad y de este fin de año esté impregnado de un sentido nuevo de amor y esperanza y que tu vida se siga renovando y desarrollando a la luz de la presencia santificadora del Señor Jesús. Ese es mi más grande deseo.