miércoles, 3 de noviembre de 2010

MI EDIFICACIÓN DIARIA

Desde que estaba en el seminario me convencí de que la espiritualidad cotidiana del sacerdote diocesano, debía estar impregnada de la celebración de la liturgia diaria. La palabra de Dios proclamada en la Sagrada Eucaristía, debe iluminar toda la espiritualidad del sacerdote, para entrar así en plena comunión con su comunidad.

Con el padre Juan Carlos Castillo (izq.) mi párroco,
y con el padre Eusebio Lozano (der.),
presidiendo la misa de mi bienvenida
como vicario a la parroquia.

Ahora que soy sacerdote diocesano, me doy cuenta de que no estaba muy alejado de la realidad. Mi espiritualidad personal ha estado muy impregnada de la meditación diaria de la palabra de Dios que se proclama en la Misa que diariamente celebro. Y la liturgia diaria es tan rica que si sabemos aprovecharla, es fuente de muchas bendiciones en la reflexión.

Mucha gente de la que asiste a la misa que todos los días celebro, ya tiene una arraigada devoción que en muchas ocasiones es admirable. Hay personas que incluso cuando estoy predicando, toman nota de lo que digo, y esto denota gran interés por el mensaje de Dios en la sagrada escritura. De entre estos fieles que todos los días me acompañan me llama mucho la atención un señor que ayudado por su enfermero todos los días asiste a misa en su silla de ruedas. Es testimonio de amor y de presencia sin reparar en obstáculos para estar en la sagrada eucaristía.