viernes, 19 de noviembre de 2010

FRATERNIDAD


Hoy he asistido a la reunión mensual de mi generación sacerdotal, que hace apenas tres meses nos ordenamos sacerdotes. Ha sido una comida la que nos ha congregado para compartir nuestro caminar y vernos, contarnos alguna anédota y convivir. Estas reuniones nos revitalizan a todos. Podemos reencontrarnos y compartir nuestra fraternidad sacerdotal. Convivencias como estas son pausas necesarias para aquellos que nos dedicamos al auxilio de las almas. Nos renuevan y nos dan nuevas fuerzas para servir con entusiasmo.

Pensar en la fraternidad es pensar en la eterna voluntad de Dios que siempre ha querido vernos unidos como hermanos. Es cumplir en nuestra vida el designio salvador de Dios que no nos quiere salvar individualmente sino como comunidad. Cualquier expresión de fraternidad, ya sea con nuestros amigos, ya sea con colegas o en nuestra propia familia, es signo de la presencia de Dios en nuestra vida presente. Los demás son espejos en los cuales, gracias a la confianza que nos tenemos, podemos ver reflejada de una manera cierta y auténtica nuestro propio yo. Es bueno compartir con aquellos que estimas y sabes que te estiman. No dejes de concertar citas con aquellas personas queridas por ti, por que a la larga estos encuentros tendrán como consecuencia tu propia felicidad.