jueves, 4 de noviembre de 2010

ERAN CIEN OVEJAS...


A diferencia de nosotros que somos injustos, Dios no se complace en la aniquilación de los que hacen el mal. No, Dios desde el justo momento en el que nos apartamos de Él por nuestro pecado, ha emprendido una incansable búsqueda de todos aquellos que se han apartado de su amor. Es la historia de la oveja perdida. El corazón de Dios nuestro Padre, se complace en que el pecador se convierta y viva. Su felicidad más grande es cuando un pecador se arrepiente y vuelve a sus brazos llenos de amor y de ternura, que siempre están abiertos para todos los que lo buscan.

Deberíamos agradecer que poseemos un Padre en el cielo que no se conforma con un reporte mensual, bimestral o anual de pérdidas, sino que sale en búsqueda de ese 1% de su rebaño que se le perdió, y que es representado por la oveja perdida de la parábola (Lc. 15, -7). Deberíamos dar gracias por que tal vez en ese 1% estamos tu y yo.