martes, 2 de noviembre de 2010

DIOS DE VIVOS, NO DE MUERTOS


Los cristianos católicos, creemos en un Dios de vivos, no de muertos. Porque para Dios todos estamos vivos, aún y cuando ya no caminemos nunca más por este mundo por el que ahora caminamos. Mi predicación de hoy giró en torno a esta idea. Este día no es el día de "muertos", sino el día en el que se celebra a todos los fieles difuntos.

Los cristianos católicos no estamos llamados a creer en la muerte, sino en la vida. En una vida junto a Dios; donde lo veremos tal cual es, ese es nuestro destino último, contemplar a Dios en toda su gloria. Y como dice el apóstol san Juan el que ama ha pasado de la muerte a la vida. (cfr. 1Jun 3, 14-16), y el que no ama permanece en la muerte.

En un intercambio de dones, nosotros aquí en la tierra oramos por los fieles difuntos, para que aquellos que todavía no alcanzan la visión beatifica, puedan acceder a ella en la brevedad, y ellos ya habiendo entrado a este estado de gloria, interceden por todos nostros que somos peregrinos; así entramos en una estrechísima comunión que tiene su culmen en el amor de Dios.

Orar por los difuntos no es un acto vacío, dirigido a un no-ser, al contrario al orar por ellos, la fe nos dice que estan vivos para Dios y que orar por ellos es sobre todo un acto de amor que nos mantiene en comunión.