jueves, 28 de octubre de 2010

DE LA APOSTOLICIDAD Y LOS MOSCOS.

Desde que era catequista en mi adolescencia, conocí de cerca el credo católico, lo meditaba, si tenía alguna pregunta sobre algún punto en particular, acudía al catecismo de la Iglesia Católica, o preguntaba a alguien que tenía más experiencia que yo. Y en la parte que a veces más preguntas tenía era en la que el credo menciona las notas características de la Iglesia: UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. En cuanto a la apostolicidad de la Iglesia, siempre me ha sorprendido que el Señor Jesús, haya confiado el tesoro de la fe, de la revelación, y de la salvación, a los hombres que durante su ministerio le acompañaron.

Hoy celebramos la fiesta de dos de estos hombres, los apóstoles Simón y Judas. Este último es el más popular de los dos, se trata de San Judas Tadeo, patrono de las causas imposibles. Cuando me imagino los sucesos relevantes de la vida de estos hombres, me pregunto cual habrá sido su reacción ante la persona del Señor Jesús. Me imagino su cara, su expresión, sus pensamientos, me transporto a esas épocas y me doy cuenta que realmente fueron privilegiados, porque lo que vieron, oyeron, sintieron, en una palabra todo lo que experimentaron, nadie más lo pudo haber vivido con esa intensidad.

Y todos los cristianos de los siglos futuros vivimos nuestra fe precisamente basados en el testimonio vivo de estos hombres. Dando testimonio de fe hasta el extremo los apóstoles llegaron al punto de derramar su sangre para que esta herencia tan grande perdurara y con su luz iluminara al mundo entero a través de la Iglesia Universal.

Afuera esta lloviendo, me gusta la lluvia pero en una ciudad como Monterrey, a veces eso se estropea por las cantidades tan grandes que caen y por la poca capacidad de drenaje que poseemos. Además cada lluvia ha representado la ocasión propicia para la proliferación de infelices mosquitos o también llamados "zancudos" que en cada oportunidad que tienen atacan ferozmente a este servidor. Sí, soy un imán de moscos, no sé por que les gusta tanto mi sangre. Gracias a Dios me deshago de ellos aplicándome un repelente, y así ellos sobreviven a mi cruenta persecución y yo me libro de sus picaduras, y terminamos todos contentos y felices.

1 comentario:

El Ceremoniero dijo...

Hola padre, bendición. Buena reflexión. Gracias al testimonio de estos Hombres conocemos a Cristo la Verdad.
Gusto en saludarlo, a ver si me visita. Bendigame.