viernes, 17 de septiembre de 2010

LLUEVE Y LLUEVE

Llueve mucho afuera, bueno esa es la percepción que tengo desde el interior de mi oficina. No sé cual será la verdadera intensidad de la lluvia, pero desde dentro se siente como si se estuviera cayendo el cielo a cubetazos. La mitad del terreno de la parroquia esta rodeado por un profundo y ancho canal que desahoga gran cantidad de agua que viene de la calle. Tengo curiosidad de asomarme por la barda perimetral para ver su caudal. En broma le dije a mis papás que era un foso de cocodrilos que se construyó para nuestra seguridad.

Fachada del templo parroquial de Santa Beatriz de Silva,
en Monterrey, México, en donde ejerzo mi ministerio.

La vida parroquial es verdaderamente una experiencia sin igual. Me doy cuenta de que fui hecho para servir a la Iglesia en una comunidad parroquial. Estoy feliz. El ritmo de mi servicio sigue el ritmo de vida de la comunidad parroquial. Es un ritmo cadencioso que se viene dando desde hace mucho tiempo, es el ritmo de las familias que viven alrededor, es un ritmo constante, al que me acoplo poco a poco. Es un ritmo en el que Dios les va hablando a las personas y les va revelando discretamente su voluntad. Le doy gracias a Dios por el regalo de mi ministerio, y he descubierto que la mejor manera de agradecerle es ejerciéndolo fielmente. Y afuera sigue lloviendo.

1 comentario:

chuy dijo...

jajajajajajaja Padre se la baño con lo de los cocodrilos jajajajaja


Saludos!!! qe se encuentre bien! ;)