domingo, 29 de agosto de 2010

HUMILDAD Y GRATUIDAD

El buscar los últimos lugares en los banquetes no es sólo un acto de modestia social, sino es precisamente un acto religioso de humildad que reconoce en los demás una dignidad mayor y una precedencia que nos pone en nuestro justo sitio.
No es que la humildad sea sinónimo de autodesprecio, sino de reconocernos tal y como somos, sin agregar ni quitar nada. En orden a la caridad -según la lógica del Reino-, es mejor ceder el lugar a los que consideramos más importantes en ese banquete y nosotros ocupar otros lugares que al fin y al cabo son lugares preparados para nosotros en el banquete. Y tal vez nos encontremos con la sorpresa de que el anfitrión a ver el lugar que ocupamos, nos lleve a ocupar lugares de honor.
La gratuidad es otro de los valores del Reino que pocas veces se reflexiona, el ofrecer un banquete para aquellos que no nos pueden corresponder, llena de alegría el corazón porque la generosidad terrena es recompensada, pero no con bienes que se acaban sino con dones de índole celestial. En este caso la lógica del Reino pone como los más importantes a los menospreciados, a aquellos que están desposeídos y oprimidos, y no a aquellos que pueden recompensarnos en esta vida lo que ofrecemos.