viernes, 16 de julio de 2010

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

La devoción a María Santísima es para mí algo muy importante. En mi camino de fe puedo decir, sin afán de ser irreverente con el Señor Jesús, que yo conocí primero a la Virgen María, que al Señor Jesucristo. Sin embargo también puedo afirmar con toda certeza que fue ella, nuestra Madre Santísima quien me condujo, hacia el conocimiento más pleno del Señor Jesús.

Me alegra mucho el hecho de que en nuestra Iglesia, exista una devoción milenaria al auxilio maternal de la Virgen María. Es una devoción que ha sido desarrollada por muchos pueblos a lo largo y ancho del mundo. Se podría decir que todos los cristianos, al menos los católicos, gozamos de la presencia siempre consoladora de nuestra Madre del cielo, revestida de múltiples formas, estas múltiples formas de la presencia de la Virgen Santísima, se llaman advocaciones.

Una de las advocaciones que tienen gran tradición y significado es la que celebramos el día de hoy, la Virgen del Carmen. Es de tradición antiquísima, por que llega incluso su origen hasta el antiguo testamento. Y su patronazgo alcanza a muchas comunidades parroquiales en muchas diócesis, en mi Iglesia diocesana por ejemplo existes tres parroquias distintas que están bajo el cuidado y protección de Nuestra Señora del Carmen. Además de ser patrona de comunidades parroquiales la Virgen del Carmen es patrona de la congregación Carmelitana. Aún más historia y tradición por mencionar.

Me alegran las fiestas dedicadas a la Virgen, por que en ellas se exalta la santidad que por misericordia y amor a la humanidad le regaló Dios nuestro Padre a María Santísima, precisamente para hacerla depositaria del don más grande de Dios a la humanidad: El mismísimo Hijo de Dios, Jesucristo el Señor.