domingo, 18 de julio de 2010

AFANES Y CONTEMPLACIÓN

El evangelio de la misa de hoy referente a la escena de Jesús en casa de Marta y María, da pie para hacer una reflexión sobre la motivación de nuestros afanes de cada día. Todos los días corremos de aquí para allá, tratando de hacer en nuestra vida aquello que más nos interesa y que estamos seguros nos dará ganancia. Nuestro trabajo en ocasiones se vuelve agotador, las ocupaciones y preocupaciones parecen tragarse de un solo sorbo toda nuestra atención, tiempo y esfuerzo. Hay ocasiones en las que quisiéramos que el día tuviera 28 horas por que son tantas las cosas que hacer que nos consumimos en ellas.


Marta al recibir al Señor Jesús en su casa se afana sobremanera para tener todo listo y ofrecer al Señor una hospitalidad digna del Maestro. Sus afanes son tantos y tan exigentes que se olvida de su motivación primera. En cambio su hermana María, desde que se encontró con el maestro en su propia casa se quedó a sus pies contemplándolo y escuchando sus enseñanzas y aparentemente "no haciendo nada" por el invitado que llegó. El Señor Jesús ante el reclamo de Marta, con gran ternura y comprensión pone de manifiesto lo esencial. Cuando las preocupaciones e inquietudes diarias nos abruman es necesario recordar que solo una cosa es necesaria, el tener a Dios como centro de nuestra existencia.

Una persona que tiene a Dios como el centro de su ser y de su quehacer, es una persona que difícilmente se perderá en el mar de actividades que es necesario realizar. ¿Y como podremos poner a Dios en el centro de nuestra existencia? Primeramente poniendo parte de nuestro afán diario en conocer su palabra para amarlo cada día más, en unirnos a Él mediante la oración para confiarle todo lo que somos y hacemos, en hacer nuestra su voluntad al cumplir fielmente sus mandatos día con día.

Esa es la mejor parte que escogió María, por que sin esto, nuestra vida se convertirá en un cúmulo de esfuerzos que no llevan a nada trascendente, serán cargas que hay que soportar, en un hacer y hacer que no nos plenifique sino que nos amargue la existencia de tal manera que llegará un día en que caigamos en el sin-sentido y la frustración. Marta y María representan dos dimensiones de una misma realidad, que es el discipulado cristiano, por un lado, la acción intensa, el trabajo duro y por otro la contemplación en la oración, y la escucha y meditación de la palabra de Dios.

Antes de empezar tu día, haz una pequeña oración, encomiéndate a Dios y pon en sus manos todo lo que hagas, al final de tu día, haz lo mismo agregando una acción de gracias y verás que lo que haces de llenará de luz.