lunes, 28 de junio de 2010

LA LLUVIA QUE TODO LO CAMBIA

Después de muchos días de calor hoy al fin llovió. Llovió mucho y en muchas partes de la ciudad. Cuando llueve mucho, tanto que incluso es dificil trasladarse, los seres humanos tendemos a ser más sedentarios. La lluvia nos tranquiliza, a menos que estes en una ciudad como Monterrey que al menor chubasco las calles se inundan, y ponen nerviosos a mas de uno; pero en general la lluvia tranquiliza, o al menos eso sucede conmigo.

Las tormentas, esas tormentas que tienen rayos y truenos, desde que era niño hacen que me sienta muy pequeño. La grandeza de esas tormentas nos sitúa en nuestro lugar, somos limitados y dependientes, aunque a veces no lo aceptemos. Los días de lluvia nos provoca irremediablemente por lo anterior, a que seamos más reflexivos. Me gustan los días lluviosos, de eso no tengo ni la más menor duda.

Y precisamente la lluvia provocó que hoy mi párroco no pudiera llegar a tiempo a la misa de siete de la tarde y que me pidiera via mensaje sms, que hiciera en lugar de misa una celebración de la palabra. La lluvia fue tan fuerte que dejó sin luz el sector del barrio donde esta el templo parroquial y que la asistencia a la celebración se mermara. Eramos pocos, sin luz, pero con ganas de encontrarnos con Dios. Fue un momento de oración y encuentro fraterno y sencillo con Dios. Gracias Señor por la lluvia, gracias Señor por hacer diferente cada día.

1 comentario:

Fermín Tellez Rdz dijo...

Mucha razón tiene en sus palabras. La lluvia es bienvenida, la necesitamos. Personalmente pienso que la lluvia es ideal para leer. Buen día!