miércoles, 2 de junio de 2010

ALMA MATER Y SIGO ESTUDIANDO

Agradecer es una forma de reconocer que a pesar de nuestras ansias de autosuficiencia, nos vemos limitados e invariablemente nos sentimos necesitados de los demás. El Seminario me ha dado tanto, no sólo casa y sustento durante 10 años, no, me ha llenado de amigos, de experiencias que me hicieron crecer, me ha dado su ciencia, la ciencia de Dios. El Seminario me ha protegido, y me ha lanzado a conquistas extraordinarias. Cuando regreso al Seminario Menor o al Curso Introductorio, y ahora que regrese al Seminario Mayor, los sentiré mi casa. Es como cuando dejé mi casa paterna para entrar al Seminario. En casa de mis padres siempre me siento acogido con cariño. Así será en el Seminario me sentiré en casa, aunque sea la casa de los seminaristas del momento. Verdaderamente es mi "Alma Mater" en donde me he formado para ser sacerdote y compartir todo lo que he aprendido y recibido de ella. Este final es principio de algo más grande de mi vocación de servicio.
La cúpula de la capilla de la Rectoría, es testigo de un nuevo amanecer en el Seminario
Mayor de Monterrey. Siempre hay bellos amaneceres en mi Seminario.

Ahora que he desocupado gran parte de mi cuarto de libros y otros objetos no indispensables para mudarme, me he dado cuenta que la vida austera es enriquecedora de la espiritualidad. Me siento más tranquilo con un cuarto vacío que con uno lleno de comodidades. Las comodidades nos hacen complicados, nos ayudan a hacernos demandantes y a exaltar en algunas ocasiones nuestro egoísmo. De vez en cuando es bueno hacer limpieza y sacar de nuestra vida cosas innecesarias a las que les tenemos un cierto afecto egoísta, y de esta manera liberarnos de lo que distrae nuestro corazón de las cosas esenciales, esas que nos dan identidad.