domingo, 23 de mayo de 2010

UN PENTECOSTÉS DIFERENTE

GRAN importancia tiene para mi espiritualidad personal la celebración de Pentecostés. Mi vocación desde el principio estuvo impulsada por una devoción especial al Espíritu Santo. Conocí a la tercera persona de la Santísima Trinidad en 1998, en el año dedicado al Espíritu Santo, en la preparación al gran jubileo del Año 2000. Desde ese año y después de conocer de cerca su acción en la Iglesia y la doctrina de su presencia entre nosotros, me adherí fuertemente a Él. No crean que pertenezco al movimiento de Renovación Carismática, sin embargo si tengo gran devoción al Santo Espíritu. Creo que también el haber sido catequista y pertenecer desde mi adolescencia a la Legión de María, despertó en mí esta devoción.

La renovación del compromiso de catequistas en mi parroquia se hace precisamente en la misa de ocho de la mañana en el domingo de Pentecostés. Además mi parroquia esta bajo el patronazgo de María Madre de la Iglesia que se celebra el sábado posterior al domingo de pentecostés, la iconografía de esta advocación mariana representa a la Virgen rodeada de los apóstoles custodiando la basílica de San Pedro, que representa a la Iglesia Universal, todo esto en marcado por los rayos y lenguas de fuego del Espíritu Santo que se sitúa a la izquierda del cuadro, en un conjunto que representa precisamente el momento de Pentecostés.
Aquí una foto, no muy bien tomada del vitral en el
interior del templo parroquial que representa dicha escena.

Este domingo de Pentecostés fue diferente ya que no lo viví en el seminario, sino en la parroquia en donde estoy ejerciendo mi ministerio diaconal. Después de 9 años de celebrarlo resguardado por los muros del seminario por fin puedo celebrarlo de nuevo en una comunidad parroquial. Me he sentido muy contento de tener esta oportunidad, que de aquí en adelante viviré en las siguientes comunidades a las que sirva. Mañana seguiré escribiendo sobre el Espíritu Santo y su acción, un tema apasionante para mí.