martes, 4 de mayo de 2010

QUIEN ME VE A MI VE A MI PADRE


Por qué el Apóstol San Felipe no entendió que Dios Padre estaba presente en Cristo? Porque hizo esa petición tan célebre: Muéstranos al Padre y eso nos basta. A San Felipe le paso como a muchos de nosotros que no hemos reconocido en Cristo la presencia más tangible de Dios nuestro Padre. ¿Y por qué no tenemos la sensibilidad para poder descubrirlo? por una sencilla razón, por nuestra falta de comunión con Jesús. Si realmente comulgáramos con Jesús, podríamos descubrir en él a Dios presente en la historia de cada uno de nosotros.

Y esto implica tres acciones concretas en nuestra relación con el Señor Jesús: el seguirlo, el conocerlo y el amarlo. Seguirlo es cuestión de decisión, el que quiere verdaderamente seguir a Jesús, toma una decisión fundante en su vida: lo dejo todo para poder ser libre e ir en pos del maestro, es decir acompañarlo y dejarme acompañar por él, en todo momento del día, en toda época, durante toda la vida.

Conocerlo implica interesarse por cada una de las palabras que salen de sus labios, ser testigo de cada una de sus acciones, contemplarlo en silencio y claro entablar un profundo diálogo con él. Para amar a Jesús, solamente basta el dejarse tocar por el amor que el nos ha tenido primero.

Amar a Jesús significa entregarle el corazón, dejar que entre en el y así purificar nuestros torcidos afectos. Amar a Jesús significa tener devoción por su persona, ser apegado a él a más no poder. Amar a Jesús significa tenerlo siempre en mente, invocarlo, agradecerle, pedirle auxilio, hablar de él a los demás. Amar a Jesús significa amar a los demás, y esto sobre todo, el amar sobre todo a los más débiles, a los más explotados, a los más pobres, a los marginados. Amar a Jesús significa creer en sus palabras, creer en su presencia, creer en su poder.

Si comulgamos con Jesús siguiendo estas acciones, podremos conocer a fondo el Ser infinito de Dios nuestro Padre, y encontrar en este conocimiento nuestra más grande felicidad. Pero siempre debemos ir al Padre por Jesús, por que ciertamente el es nuestro Camino, nuestra Verdad, y nuestra Vida. Así podremos realmente hacer las obras de Dios, sin temor y con tenacidad, así como Cristo las hacía.