jueves, 27 de mayo de 2010

EN TUS MANOS

Meditando o mas bien estudiando para el examen de escritos joánicos que tendré mañana me doy cuenta de que el Espíritu Santo guío en la historia a los hombres que Él mismo escogió para que pusieran por escrito todo aquello que sería necesario para suscitar la fe de las comunidades. La comunidad joánica fue una comunidad peculiar, plenamente humana, con aciertos muy loables pero también con desatinos marcados. Y a pesar del devenir de esa comunidad el Espíritu pacientemente la fue guiando para dejar testimonios claros de su sólida fe en Cristo, un evangelio y tres cartas. El espíritu del Discípulo Amado esta presente a lo largo de estas sagradas letras siempre iluminado por el Santo Espíritu de Dios.

Hoy en la hora santa de los jueves, he puesto delante de Jesús Sacramentado mis inquietudes, siempre que me siento inquieto o con alguna preocupación me doy cuenta que no hay mejor remedio que la oración confiada a Dios, y también me doy cuenta que las inquietudes, preocupaciones o angustias vienen reforzadas por nuestro egoísmo. Hoy en mi oración sentí angustia y frustración, sin embargo sentía en mi interior que estaba orando mal. ¿Qué pasa, por que me siento así? y después de hacer esta pregunta dispuse todo lo que soy a callar mi propia voz interior y a guardar un silencio expectante.

Y surgió la respuesta, algo que yo ya sabía pero que no recordaba en ese momento. Mi paz, mi consuelo, el equilibrio que siempre anhelo, esta en abandonarme en las manos de Dios. dije: 'Señor tu mejor que nadie sabes que es lo más conveniente para mí, dejo mi vida en tus manos, yo sólo no puedo, es por eso que me entrego totalmente a ti para que seas tu y no yo el que guíe mis pasos.' Y después de decir estas palabras mi corazón poco a poco recobro la paz y las inquietudes y la oscuridad se disiparon como una ligera nube ante los rayos del sol.
Después ya en la cena recordé la oración del hermano Carlos de Foulcauld:


Padre,
me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que fuere,
por ello te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo.

Lo acepto todo,
con tal de qe se cumpla
tu voluntad en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.

Te encomiendo mi alma,
te la entrego
con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin mediada
con infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.