domingo, 11 de abril de 2010

EL DRAMA DE LA INCREDULIDAD


El incrédulo es una persona infeliz. No lo digo yo lo dice el evangelio. "Dichosos aquellos sin haber visto, creen". Es decir que si la fe se suscita por la evidencia palpable, no es fuente de alegría. Tomás no participó de la alegría de la fe suscitada por el testimonio de los discípulos, sino que participó de la infelicidad de los que no creen. Para participar de la alegría del Señor Resucitado, necesitamos participar de la fe de la comunidad comparte. "No seas incrédulo, sino creyente", un imperativo que el mismo Señor Jesús le comunica a Tomás. Es este un imperativo para toda persona que se diga cristiana. La fe, la veradera fe es don, pero también es conquista. Es regalo gratuito de Dios, pero necesita un corazón purificado para poder dar fruto. Esa es nuestra tarea: el ir acrecentando con nuestro esfuerzo y con la disponibildad, el don de la fe.