domingo, 25 de abril de 2010

DOMINGO DEL BUEN PASTOR

Después de la experiencia de ayer sábado, tuve que recrear innumerables veces durante el fin de semana la crónica de los hechos, ya que mucha gente estuvo al pendiente los seminaristas. De hecho la entrada de ayer generó muchas visitas, lo que de verdad me sorprendió. A todos los que estuvieron al pendiente de nosotros muchas gracias.

En la homilía que compartí en la celebración dominical que realice, les mencionaba a los fieles que en estos tiempos tan turbulentos que nos ha tocado vivir, en los que la crisis económica, la violencia, las dudas sobre las instituciones (incluida la Iglesia), parecerían quitarnos la paz y llenarnos el corazón de inquietudes, la figura de Cristo Buen Pastor, adquiere una importancia capital en nuestra vida de fe.

La labor de un pastor es apacentar a las ovejas, es decir debe alimentarlos llevándolos a lugares amplios, tranquilos y llenos de abundante alimento. Es además dar tranquilidad, seguridad, apoyo, y muchas otras cosas.

Nuestro corazón inquieto, únicamente podrá encontrar sosiego y paz en Cristo nuestro Buen Pastor. El es el único que puede darnos la seguridad de que a pesar de que tenemos situaciones difíciles que afrontar en nuestras vidas, no seremos arrancados de su mano, sino que al contrario seremos poseedores de la vida eterna que solamente el Hijo de Dios puede darnos y así no pereceremos jamás.

De esta manera los pesares, las dudas, la inquietud, la zozobra y todo aquello que nos aqueja adquiere un sentido nuevo, no seremos vencidos por ellos si nos ponemos al cuidado de aquel que ha vencido al mundo. El mensaje del Buen Pastor debe entonces llenarnos el corazón de esperanza y con esa fuerza desterrar de él toda inquietud.