lunes, 1 de marzo de 2010

ESPERANZA EN MEDIO DE LO ADVERSO

Ayer al finalizar una de las celebraciones dominicales que presidí, despedí a la gente en la entrada del templo, y se me acercó una familia completa, compuesta por papá, mamá y tres niños. La señora me pide que les haga una oración y les dé una bendición especial, por que segun ella les estaba yendo muy mal. "Se metieron en la casa y nos robaron, mi esposo hace dos semanas fue despedido, y uno de mis niños esta enfermo y tenemos que llevarlo todos los días a la clínica para su tratamiento." El aspecto de la señora era sereno, sin embargo su esposo no compartía esta serenidad.

Tenía un semblante bastante triste, sus ojos estaban irritados como cuando hemos llorado, y de hecho tenía una mirada vidriosa a punto de romper en llanto. Y los niños con la mirada baja, tal vez sin saber en su inocencia la precariedad de su situación.

Este cuadro realmente me conmovió, traté de darles algunas palabras de aliento recalcando la misericordia y bondad de Dios en esos momentos tan difíciles para ellos. Me escucharon atentos ellos y el monaguillo que estaba a mi lado sosteniendo el acetre con el agua bendita. Y les dí una bendición con palabras que salían de mi boca pero que no eran palabras mías.

Mientras lo hacía cerré los ojos y al terminar la bendición, los abrí y con asombro me di cuenta de que se había juntado alrededor de nosotros un grupo de personas que también habían estado en la celebración. Todos sin excepción se santiguaron y escuché la voz de la señora que me decía: "Muchas gracias padre, nos ha reconfortado". Les desee lo mejor y se despidieron.

Para nadie es secreto que México esta sumido en un abismo de violencia, inseguridad, desempleo e injusticia sin precedentes. ¿Cómo predicar esperanza en medio de este ambiente? ciertamente no con nuestras palabras, que tienden a estar llenas de imperfección y sujetas a influencias del mismo ambiente. Debemos dar esperanza con las palabras que vienen de lo alto. Estar unidos con aquel que es nuestra Paz, Cristo nuestro Señor, no para evitar el dolor, sino para vivirlo llenos de esperanza. Esperanza en que esto no es definitivo, esperanza en que lo que sufrimos no quedará sin remedio, esperanza en que Dios nos acompaña en cada momento difícil.