martes, 1 de septiembre de 2009

CONVERSIÓN Y COMUNIÓN

En mi clase de los sacramentos de la Reconciliación y Unción, un compañero expuso una lección sobre la conversión. Y afirmaba que la conversión puede ser entendida como comunión, una continua comunión con Aquél que es la fuente misma de la santidad.

Ya habiendo tenido una experiencia fuerte de conversión, lo que seguía como un paso inmediato es iniciar un arduo camino de comunión con Dios, quien es el fin último y el principio fundante de la conversión de una vida de pecado a una vida de gracia.

No se trata sólo de arrepentirse de los pecados cometidos y dejarlos de cometer, sino que se debe fomentar todos los días una sólida comunión con Dios, para que las ocasiones de pecado y las tentaciones sean mitigadas al contar con una amistad fuerte con el Único que es santo.

Yo la verdad quedé muy satisfecho con esta reflexión teológica que compartió Rodolfo, el hermano seminarista que les dije expuso esta lección y además estoy totalmente deacuerdo con este punto de vista. La conversión es comunión y la continua comunión con Dios es un camino que supone esfuerzo y confianza en el auxilio y voluntad del mismo Dios.