viernes, 4 de septiembre de 2009

AFECCIONES DE LA HUMEDAD

Hace aproximadamente un año me lesioné el pie izquierdo, bajando un escalon se doblo mi tobillo y algo se rompió. Un yeso, tal como se muestra en esta foto de mi pie, todo sanó, pero quedó la advertencia: "Es posible que en tiempo de lluvia o frío tengas alguna molestia" dijo el traumatólogo. Y como si fuera un profeta acreditado, su palabra se cumplió. Durante esta semana ha llovido mucho y me duele mucho mi pie...

Batallo un poquito para caminar y esto me ayuda, como me ayudó en aquella ocasión, a darme cuenta de que los seminaristas y sacerdotes, vivimos muy deprisa. En una sola hora hay ocasiones en las que tenemos por lo menos 4 actividades, y corremos de un lugar para otro. Vivimos deprisa y no es que en la mayoría de las ocasiones el celo por la casa de Dios nos devore, sino que las cosas se tienen que realizar, claro siempre para la salvación de las almas y ponerle velocidad es imprescindible.

Yo que ya me he dado cuenta de ello, procuro desde ese accidente, el cuidarme más, pero nunca es suficiente, y a veces hay que esforzarnos para mantenernos sanos y de esta manera poder servir mejor al Pueblo de Dios.

Ya con un ungüento y un analgésico aplicados, espero que mañana amanezca mejor, para seguir realizando aquello que me pide el Señor.