lunes, 18 de mayo de 2009

MÁS PRESBÍTERO

Estoy a pocos días de terminar mi noveno año de formación en el seminario. Y a estas alturas del camino formativo todavía me sorprendo de todas las cosas en un tiempo relativamente corto he vivido. Realmente no me siento igual que hace nueve años cuando entre al seminario.

Una vez un padre en una plática espiritual nos dijo a mi y a mis compañeros que cuando terminaramos nuestra formación en el seminario deberíamos salir como verdaderos presbíteros, es decir ancianos. "En este poco tiempo que ustedes estarán aqui, deben madurar más rápidamente que los jóvenes de su edad que estan fuera de esta experiencia, deben perder su inmadurez y envejecer para bien".

Claro que el comentario en el momento, en mi segundo año de formación no tenía mucho significado, sin embargo ahora a la vuelta de algunos años más empieza a revelar su verdadero significado. Y no es que me sienta más maduro que los demás, sino que ha sido tan intenso este tiempo de formación, que mi visión del entorno en el que vivo ha cambiado mucho. Un seminarista tiene que irse configurando cada vez más con aquel que lo ha llamado: Jesús. Y para asemejarse a él hay que conocer lo que hay dentro del hombre.